
Seguro que te ha pasado: terminas de ver una serie en Netflix o una peli épica y, de repente, sientes unas ganas locas de visitar esos paisajes que acabas de ver en la pantalla. No es casualidad ni una manía pasajera; es lo que se conoce como turismo cinematográfico, un fenómeno que ha dejado de ser un nicho para convertirse en un motor económico brutal para muchos países. Ya no basta con ver la historia, ahora queremos pisar el mismo suelo que nuestros personajes favoritos y sentir que formamos parte de ese universo.
Este tipo de viajes, también llamado set-jetting o cineturismo, ocurre cuando la ficción logra conectar emocionalmente con el espectador, convirtiendo una simple localización de rodaje en un lugar sagrado o deseado. Desde las colinas de Nueva Zelanda hasta las calles de Dubrovnik, la industria audiovisual tiene el poder de rediseñar el mapa turístico mundial, llevando a miles de personas a rincones que, hasta hace unos años, pasaban totalmente desapercibidos para el gran público.
¿Qué es exactamente el cineturismo y cómo funciona?
Para entrar en materia, el turismo inducido por el cine se define como el conjunto de reacciones sociales y económicas que surgen cuando se graba una obra fuera de los estudios. Aquí entra en juego el concepto de localización, que son esos escenarios reales que el director elige para dar autenticidad a la trama. El cine actúa como un catalizador de sueños, donde el espectador busca borrar la línea entre la realidad y la ficción para vivir una experiencia inmersiva.
Psicológicamente, esto se explica a través de varios mecanismos. Por un lado, tenemos el efecto halo, que es básicamente cuando idealizamos un destino porque la película nos lo ha vendido como un paraíso, aunque en la realidad sea distinto. Por otro lado, el place attachment crea un vínculo afectivo con lugares que, a veces, ni siquiera existen físicamente en su totalidad, como ocurre con el famoso andén 9¾ de King’s Cross en Londres, donde la gente peregrina para realizar rituales fotográficos.

Destinos que están marcando la tendencia
Si echamos un vistazo a los lugares que más están petando, Corea del Sur lidera el ránking gracias a la ola coreana, impulsada por el K-POP y series como Estamos muertos. España no se queda atrás, situándose en los puestos más altos gracias a producciones como La Casa del Dragón, que ha puesto en el mapa sitios como Cáceres o Trujillo. Otros ejemplos claros son Irlanda y el Reino Unido, que siguen siendo imanes de turistas por el legado eterno de Harry Potter.
- Nueva Zelanda: Se ha convertido en la encarnación física de la Tierra Media gracias a El Señor de los Anillos.
- Croacia: Dubrovnik ha visto un crecimiento masivo al ser el Desembarco del Rey en Juego de Tronos.
- Tailandia: Maya Bay se hizo mundialmente famosa por The Beach, aunque esto trajo complicaciones ecológicas.
- México: La película Coco revitalizó el interés por el Día de Muertos en zonas como Pátzcuaro.
La gestión profesional: Film Commissions y Marketing
Para que este flujo de gente no sea un caos, existen las Film Commissions. Estos organismos actúan como puente entre las productoras y los destinos, ayudando a captar rodajes y a gestionar el impacto posterior. En España, la Spain Film Commission trabaja para diversificar la oferta turística, evitando que todo el mundo vaya siempre a los mismos sitios y fomentando que se visiten regiones más alejadas mediante la creación de rutas cinematográficas organizadas.
Desde el punto de vista del negocio, se aplica el marketing experiencial. Ya no se venden hoteles o vuelos, sino la oportunidad de «vivir» la película. Esto se ve claramente en los alojamientos temáticos de Airbnb o en los tours por Hobbiton, donde el objetivo es que el turista performe su identidad vinculándose a una producción de prestigio, algo que algunos expertos llaman el nuevo jet setting cinematográfico.

La cara B: Impactos negativos y desafíos
No todo es color de rosa. El problema más grave es el overtourism o saturación turística. Cuando un lugar pequeño recibe a miles de fans, la capacidad de carga se desborda. Dubrovnik es el ejemplo perfecto: pasar de ser una ciudad tranquila a recibir cruceros masivos diariamente ha provocado que los vecinos protesten por la subida de alquileres y la degradación del patrimonio.
Otro riesgo es la defolklorización cultural. Esto pasa cuando las tradiciones locales se retocan o se inventan para que encajen con lo que el turista espera ver basándose en la película. Un caso curioso es el desfile del Día de Muertos en México, que se impulsó en parte por lo visto en la película Spectre de James Bond, creando una versión mercantilizada de la cultura para el consumo externo.
Datos y realidades del viajero actual
El perfil del cineturista es variado, pero predomina la búsqueda de experiencias inmersivas. Según encuestas, el gasto principal se concentra en el alojamiento y el transporte, pero la motivación real es seguir los pasos de personajes icónicos. Es preocupante, sin embargo, que algunos viajeros adopten conductas irrespetuosas en lugares donde se han representado tragedias reales, lo que genera un rechazo social importante.
La tendencia seguirá creciendo ya que el consumo de plataformas de streaming es masivo. El hecho de que el 78% de los viajeros considere probable elegir su próximo destino basándose en una serie demuestra que el poder de la pantalla es, hoy por hoy, una de las herramientas de promoción turística más eficaces que existen, siempre y cuando se gestione con responsabilidad medioambiental y social.
La simbiosis entre la industria audiovisual y los viajes ha transformado la manera de conocer el mundo, convirtiendo el ocio en una búsqueda de autenticidad y emoción. Mientras que los destinos ganan visibilidad y deprecated ingresos, el reto reside en equilibrar el éxito económico con la preservación de la identidad local y la sostenibilidad de los ecosistemas, asegurando que la magia del cine no termine por destruir la realidad de los lugares que lo inspiraron.



































