- Exploración de los tesoros arqueológicos más emblemáticos como Machu Picchu y el Valle Sagrado.
- Aventuras en ecosistemas diversos que van desde la selva amazónica hasta la Cordillera Blanca.
- Recorrido por ciudades coloniales con encanto como Cusco, Arequipa y Lima.
- Descubrimiento de joyas naturales únicas como el Cañón del Colca y el Lago Titicaca.

Si te has plantado aquí es porque seguramente tienes en mente pegarte un viaje por tierras peruanas o simplemente te pica la curiosidad por saber qué ofrece este rincón del mundo. Sea cual sea tu caso, has dado con el sitio indicado. Eso sí, conviene que sepas de entrada que Perú es un país inmenso y, si pretendes verlo casi todo, vas a necesitar una buena dosis de tiempo. Las distancias son realmente kilométricas y, aunque los autobuses suelen ser bastante decentes, hay trayectos que te pueden dejar molido tras 14 o 16 horas de camino.
Precisamente por esto, no te la juegues y organiza bien tu itinerario. Seleccionar con cabeza los puntos que quieres visitar te ahorrará el riesgo de quedarte a medias o de pasar más tiempo en la carretera que disfrutando del paisaje. Si no quieres romperte la cabeza con la logística, existen opciones de viajes grupales donde ya han hecho el trabajo sucio de seleccionar los puntos clave. Además, si viajas desde España, existen consejos específicos que te vendrán fenomenal para no llegar perdido. Sin más rodeos, vamos con los sitios que harán que tu escapada sea inolvidable.
Machu Picchu y la magia de los Incas
Es imposible hablar de Perú sin que aparezca la joya de la corona. Esta ciudadela es, para muchísima gente, el motivo principal para cruzar el charco y visitar el país. No es solo una maravilla turística, sino un lugar que te deja sin palabras.
Para no llevarte sorpresas, es fundamental reservar las entradas y el transporte con bastante antelación, ya que vuelan en un abrir y cerrar de ojos. Dependiendo de tu presupuesto y tu estado físico, tienes varias rutas: los que buscan aventura pueden lanzarse a hacer el Camino Inca o rutas alternativas en tours de varios días, aunque Prepárate porque estos trekkings suelen ser caros. Si vas corto de pasta, la opción más económica es caminar desde Hidroeléctrica siguiendo las vías del tren. Para quienes prefieren ir más cómodos, el tren es la alternativa más habitual y equilibrada.
Cusco: El corazón del Imperio
Si hay una ciudad que es parada obligatoria, es sin duda Cusco. Situada a unos 3200 metros de altura, es un lugar que tiene tela; podrías pasarte dos o tres días enteros y seguirías teniendo cosas que descubrir. Es considerada una de las ciudades más bellas de América y cuenta con el sello de Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
Lo más recomendable es perderse por sus callejuelas. No te puedes perder la Plaza de Armas, el bohemio barrio de San Blas o la curiosa piedra de los 12 ángulos. Si quieres ampliar la experiencia, las ruinas de Sacsayhuamán están muy cerca y merecen la pena totalmente.
El Cañón del Colca y sus profundidades
Este sitio es un auténtico espectáculo natural. No solo se trata del cuarto cañón más profundo del planeta, sino de un refugio ideal para el Condor Andino. Ver a estas aves volar sobre tu cabeza es una de esas experiencias que te dejan boquiabierto.
Aunque puedes ir por libre si eres organizado, lo más común es contratar un tour. De todos, el que más recomendamos es el trekking de dos jornadas, donde bajas hasta el fondo del cañon para pernoctar en el oasis de Sangalle. Eso sí, ten en cuenta que la subida es un auténtico castigo físico, pero las vistas compensan el esfuerzo.
La Selva Amazónica: Una aventura salvaje
Una de las cosas que más mola de Perú es la variedad de climas. Puedes pasar del frío de montaña a la humedad de la selva en cuestión de horas. Para entrar en la Amazonia, tienes dos puertas principales: Puerto Maldonado o Iquitos.
En Puerto Maldonado, puedes sumergirte en la reserva de Tambopata o el parque del Manu, opciones ideales si ya estás por la zona de Cusco. Por otro lado, Iquitos es el destino para los más aventureros, ya que se llega en avión o, si tienes tiempo y ganas de sufrir un poco, en barco carguero. Allí te espera la reserva de Pacaya-Samiria, un lugar salvaje que no olvidarás jamás. Eso sí, ten en cuenta que la selva no es precisamente barata y los costes suelen subir bastante.
Paracas y las Islas Ballestas
A veces nos imaginamos la costa peruana como una playa tropical, pero en realidad gran parte es un desierto, lo cual sorprende mucho al turista. En este entorno se encuentra la reserva nacional de Paracas y las Islas Ballestas, un paraíso para los amantes de la fauna marina.
Lo más impactante es ver el vuelo de los pelícanos y las enormes colonias de leones marinos. Para llegar, puedes pillar un bus desde Lima. Si quieres hacer el viaje más dinámico, existen tours que combinan las islas con una visita al Oasis de Huacachina.
Vinicunca y el Valle Sagrado
La Montaña de Colores, o Vinicunca, se ha puesto muy de moda últimamente. A 5100 metros de altura, sus colores son impresionantes, aunque hay que tener cuidado con el mal de altura. Como alternativa menos masificada, el Valle Rojo es una opción con mucho más encanto.
Por otro lado, el Valle Sagrado es la cuna de la cultura prehispánica. Sitios como Ollantaytambo, Pisac o las salinas de Marás son paradas obligatorias. Lo mejor es comprar la entrada turística conjunta para ahorrar tiempo y dinero al acceder a los diferentes yacimientos.
Arequipa y la Cordillera Blanca
Arequipa, la Ciudad Blanca, debe su nombre al sillar blanco de sus edificios. Es la segunda ciudad más grande y es el lugar ideal para descansar antes de ir al Colca. Su arquitectura colonial y sus miradores panorámicos la convierten en un sitio muy agradable para pasear.
Si lo tuyo es el montañismo, tienes que ir a Huaraz, la puerta de entrada a la Cordillera Blanca. Es el paraíso del trekking, con picos nevados como el Huascarán y lagunas turquesas como la 69 o la Parón. Hay rutas de varios días, como el Huayhuash, que son el sueño de cualquier senderista.
Nazca y el Oasis de Huacachina
Sobrevolar las líneas de Nazca es una experiencia surrealista. Estos geoglifos siguen siendo un misterio y la única forma de apreciarlos es mediante un vuelo en avioneta, que suele rondar los 120-130 USD.
Cerca de ahí, en Ica, se encuentra el Oasis de Huacachina. Es exactamente como te lo imaginas: agua y palmeras rodeadas de arena. Es un sitio muy curioso, aunque puede resultar un poco masificado debido a los paseos en buggies y el sandboarding sobre las dunas.
Lima y el Norte: Trujillo y Kuelap
Lima, la capital, es conocida como la ciudad gris por sus cielos nublados. Aunque algunos viajeros la saltan, es el lugar perfecto para probar la gastronomía peruana y pasear por el barrio de Barranco antes de seguir la ruta.
Si subes al norte, Trujillo te espera con Chan Chan, la ciudad de adobe más grande del mundo, y sus playas ideales para el surf, como Huanchaco. Y si buscas algo realmente diferente, la fortaleza de Kuelap en la zona de Chachapoyas es una joya arquitectónica no inca que te dejará boquiabierto por su ubicación en lo alto de un cerro.
Otros tesoros: Gocta, Titicaca y Tarapoto
Para los amantes del agua, la catarata de Gocta es una de las más altas del mundo y requiere una caminata de unas dos horas por la selva para ser recompensado con su impresionante caída de 700 metros.
El Lago Titicaca, el navegable más alto del mundo, es un clásico. Aunque las islas Uros son muy turísticas, recomendamos buscar opciones más sostenibles como la isla de Amantaní para dormir en casas locales. Finalmente, Tarapoto ofrece una selva más cómoda, ideal para visitar la Laguna Azul o hacer espeleología en la Cueva del Diamante.
Las piscinas de Millpu
Cerca de Ayacucho se encuentran las aguas turquesas de Millpu. Son unas 20 piscinas naturales que, entre mayo y septiembre, lucen un color turquesa vibrante. Se puede llegar mediante un tour o tomando un colectivo hasta Circamarca y caminando un poco.
Perú es un destino vasto que combina desde la sofisticación de sus ciudades coloniales y el misterio de sus ruinas antiguas hasta la fuerza bruta de la Amazonia y los Andes. Viajar por aquí requiere planificación y ganas de caminar, pero la recompensa es descubrir una de las culturas más fascinantes y paisajes más variados del planeta.


