- Recorrido por las antiguas minas de oro romanas en León y el Bierzo, destacando Las Médulas y la Maragatería.
- Inmersión en el barroco madrileño a través de la ruta Tría Áurea en el barrio de Malasaña.
- Descubrimiento del patrimonio artístico del siglo XVIII en la comarca de la Subbética cordobesa.

Si te apasiona descubrir rincones con historia que no aparecen en todas las guías, prepárate porque vamos a hacer un viaje fascinante. Desde las profundidades de las minas romanas en el norte de la península hasta la exuberancia decorativa de las iglesias del sur y el corazón de Madrid, España guarda tesoros que parecen sacados de un sueño. No se trata solo de visitar monumentos, sino de sentir cómo el arte y la ambición humana han dejado una huella imborrable en el paisaje.
Moverse por estas rutas es como abrir un libro de historia donde el brillo del oro y la teatralidad del barroco son los protagonistas. Ya sea caminando por senderos rojizos en Castilla y León o perdiéndose por las calles de Malasaña, hay una carga emocional y estética que te atrapa. Así que, sin más rodeos, vamos a sumergirnos en estos itinerarios que mezclan la naturaleza salvaje con el ingenio arquitectónico más sofisticado.
El rastro del oro: De la Maragatería a Las Médulas
Empezamos nuestro periplo en León, concretamente en la comarca de las Montañas del Teleno. La Ruta del Oro es un paseo increíble por la Maragatería donde se puede seguir la huella de las minas que los romanos explotaron hace siglos. Si sales desde Astorga, pasarás por sitios como Murias de Rechivaldo o Castrillo de los Polvazares. Una parada obligatoria es Rabanal Viejo, donde te espera la mina de La Fucarona, que es de las primeras que se pueden visitar.
Si sigues el camino, llegarás a Turienzo de los Caballeros, un lugar donde destacan las Médulas del Puntón y la Laguna Cernea. No te olvides de echar un vistazo a la Torre de los Linajes, una construcción del siglo XV que servía para proteger a los peregrinos. Es un edificio imponente de planta rectangular que te transporta directamente a la Edad Media.

El viaje continúa hacia Santa Colomba de Somoza, famosa por sus casas de galerías y la Villa romana de El Soldán. En Pedredo también hay restos de asentamientos prerromanos muy interesantes. Si te desvías hacia Lucillo y Molinaferrera, verás cómo el río Duerna marca el camino hacia Boisán, donde un antiguo molino de agua y un palacete del siglo XVII completan la estampa. El clímax de esta zona es, sin duda, la impresionante Mina de Fucochicos.
Pero si hablamos de oro, no podemos olvidarnos de Las Médulas en El Bierzo. Este sitio es, básicamente, la mayor mina a cielo abierto del Imperio Romano. El paisaje es surrealista, con esas arenas rojas contrastando con castaños y robles. Para disfrutarlo a tope, hay una ruta de senderismo circular de unos 9 kilómetros que empieza en el Centro de Visitantes y te lleva por la Senda de las Valiñas y la Senda de Reirigo, permitiéndote ver el Mirador de Orellán y el Pico de Placias.
Tesoros ocultos del barroco en Madrid
Cambiamos la naturaleza por la ciudad y aterrizamos en Malasaña, en Madrid. Aquí existe un programa llamado Tría Áurea que te lleva a descubrir tres joyas que pasan desapercibidas para la mayoría. El barroco madrileño tiene una característica muy curiosa: mientras que por fuera los edificios suelen ser bastante sobrios, por dentro es donde ocurre la magia, con una decoración cargada de simbolismo y luz.
La Iglesia de San Antonio de los Alemanes es, posiblemente, uno de los interiores más impactantes de Europa. Fue concebida como un hospital e iglesia para portugueses y alemanes. Lo que más flipa es su decoración pictórica integral; los muros y la cúpula están totalmente cubiertos de pinturas que crean una sensación envolvente, convirtiendo la arquitectura en un escenario teatral.

Luego tenemos el Monasterio de las Comendadoras de Santiago, el único convento de la capital que se mantiene completamente íntegro en su diseño original. Es un lugar vinculado a la Orden de Santiago y, aunque algunos digan que es más sencillo, su valor histórico es brutal. Finalmente, está la Iglesia de San Plácido, donde se puede apreciar la maestría del arte clásico y barroco en sus frescos, obra de artistas como Claudio Coello, que buscan crear un ambiente de contemplación y espiritualidad.
La exuberancia del barroco cordobés
Bajamos ahora hacia Andalucía, específicamente a la comarca de la Subbética en Córdoba. Aquí el barroco no es contenido, sino que es exuberante y recargado, fruto del fervor religioso del siglo XVIII. La ruta pasa por localidades como Priego, Lucena y Cabra, donde las iglesias se transformaron en auténticas obras de arte total.
Priego de Córdoba es el corazón de este estilo. La Iglesia de la Asunción es la joya de la corona, especialmente la capilla del Sagrario, donde las yeserías y las curvas crean un juego visual increíble cuando entra la luz del sol. También destacan la ermita de la Aurora y la calle Río, donde la arquitectura civil mantiene ese aire señorial.
En Cabra, el barroco se asienta sobre capas previas de historia. Un ejemplo fascinante es la iglesia de la Asunción y Ángeles, que fue edificada sobre una antigua mezquita y aún conserva sus columnas de mármol rojo. Por otro lado, Lucena presume de la Iglesia de San Mateo, cuyo Sagrario es tan monumental que muchos lo llaman la catedral de la Subbética debido a su complejidad escultórica.
Este recorrido por la Subbética, que incluye también paradas en Rute o Iznájar, demuestra que el arte barroco fue la herramienta perfecta para expresar la fe y el poder de la época. Desde las pinturas murales de Madrid hasta los retablos de Córdoba y las minas de León, España es un mosaico de riqueza artística y natural que merece ser explorado con tiempo y curiosidad.


