- El Pont Vell de Besalú es un puente románico fortificado del siglo XI y uno de los monumentos más icónicos de Cataluña.
- La villa destaca por su Barrio Judío y el Mikvé, uno de los tres baños rituales judíos medievales mejor conservados de España.
- El conjunto arquitectónico incluye joyas románicas como el Monasterio de Sant Pere y la Casa Cornellà.

Si te apetece hacer un viaje en el tiempo y sentir que has aterrizado en una postal de la Edad Media, hay un rincón en Cataluña que no te puedes perder. Estamos hablando de Besalú, una villa medieval que se mantiene prácticamente intacta y que es, posiblemente, uno de los ejemplos mejor conservados de toda España, donde la piedra cuenta historias de romanos y judíos.
Pasear por sus callejuelas es sumergirse en una atmósfera donde el legado románico y la arquitectura civil conviven en perfecta armonía. No es solo un pueblo bonito para hacer fotos, sino un testimonio vivo de cómo era la vida en los condados independientes hace siglos, un lugar que te deja con la boca abierta por su estado de conservación.
El emblemático Pont Vell: la joya de la corona

Cuando hablamos del puente medieval más famoso de la región, el Pont Vell de Besalú se lleva la palma sin ninguna duda. Esta estructura románica fortificada del siglo XI no es solo una obra de ingeniería impresionante, sino que servía como el principal control de acceso a la villa, permitiendo cruzar el río Fluvià mientras se vigilaba quién entraba.
Lo más curioso de este monumento es que en su torre central se cobraba el denominado pagus condal, un impuesto que los mercaderes debían abonar para poder comerciar en el pueblo. Actualmente, este puente es un Bien Cultural de Interés Nacional y sigue siendo la puerta de entrada más espectacular y fotografiada del patrimonio catalán.
Un viaje por la historia y el legado sefardita

La importancia de Besalú no es casualidad. Su nombre proviene del latín Bisuldunum, que significa «fortaleza entre dos ríos», haciendo honor a su ubicación estratégica entre el Fluvià y el Capellades. En el siglo X, llegó a ser la capital de un condado independiente, alcanzando su máximo esplendor bajo la dinastía de Bernat Tallaferro antes de pasar a formar parte del Condado de Barcelona en el año 1111.
Uno de los tesoros más fascinantes y menos conocidos es el Mikvé, un baño ritual judío del siglo XII que fue hallado por pura casualidad en 1964. Es una pieza única, ya que solo existen tres piscinas rituales medievales conservadas en toda la Península Ibérica. Junto a los restos de la antigua sinagoga, el Barrio Judío nos cuenta la historia de una convivencia milenaria entre cristianos y judíos.
Rincones imprescindibles que visitar

Más allá del puente y la judería, el pueblo es un museo al aire libre. Entre los lugares que tienes que anotar en tu lista están:
- El Monasterio de Sant Pere: una joya del románico del siglo X vinculada a los benedictinos, que destaca por su atmósfera de paz y sobriedad.
- La Casa Cornellà: un edificio civil románico que hoy funciona como museo y nos permite curiosear cómo vivía la gente acomodada de la época.
- La Plaza de la Libertad: el corazón del pueblo, donde puedes perderte entre tiendas de artesanos y terrazas mientras disfrutas del ritmo pausado de la villa.
Si tienes suerte y visitas el lugar a finales de agosto, te encontrarás con la Feria Medieval. Es una experiencia total donde el pueblo se llena de caballeros y artesanos, haciendo que la ambientación histórica sea sencillamente increíble.
Gastronomía con sabor a tradición

Después de tanto caminar, toca comer, y Besalú tiene opciones para todos los gustos. El restaurante Castell de Besalú es famoso por su bufé libre en una terraza con unas vistas al Pont Vell que te dejan sin palabras. Aquí mandan los sabores castizos con carnes a la brasa, butifarras y la clásica escudella catalana.
Por otro lado, si buscas algo con un toque más sofisticado, el Restaurant Cúria Reial es la opción ideal. Mezclan la cocina local con ideas creativas, destacando platos como el cordero asado con dátiles, una receta que rinde homenaje a la herencia judía del pueblo, o el arroz de Pals y las patatas de la Garrotxa.
Desde la elegancia del Puente Eiffel hasta la robustez del Pont Vell, la arquitectura de los puentes en Cataluña demuestra un dominio técnico sorprendente usando materiales autóctonos. Besalú resume perfectamente esta identidad, fusionando la funcionalidad militar del pasado con una belleza estética que sigue cautivando a quien cruza sus arcos de piedra sobre el río Fluvià.